Parecía que a calle nuevamente sería su única amiga.
Fue allí que lo conoció, Rouge. Un joven encantador, pero a su vez un poco peligroso. Rouge le había dicho a Él que parecía un Ángel, estaba allí en los momentos precisos, pero sólo en esos momentos, una vez que ya no lo necesitaban, se iba. Y era así como se estaba sentiendo ahora, un inútil. Ya nadie lo necesitaba, y su labor terminaba.
Él lo había conocido hace ya un tiempo, pero nunca lo había conocido realmente hasta hace una semana. Su amiga Rizos estaba interesada en Rouge, ellos siempre hablaban de ello y solamente de ello, hasta que se volvieron más cercanos. Él hablaría luego con Rouge para saber qué sentía por ella.
Hoy es exactamente una semana que Él fué a su casa por primera vez, allí lo conoció realmente. Estaban reunidos entre amigos. Hablaron, rieron, y jugaron. Las horas pasaron y decidieron irse. Rouge decidió acompañar a los amigos a la parada del colectivo, y Él se fue directo a su casa que quedaba a cinco cuadras. Él, que ya había llegado a su casa llamó a Rouge para saber si seguía en la parada, como él había respondido que sí, lo invito a su casa a tomar unos tragos. La casa estaba vacía, pero no pasó nada. Si sólo le hubiese dado una señal. Aunque el día anterior le había comentado a Él que quería explorar su sexualidad, Él solo quería una señal suya para dar el paso. Su relación con Rizos ya había pasado al olvido, y Él sabía eso.
Ésa noche fue el primer eslabón para comenzar con esa cadena de sucesos que lo llevarían a decidir cambiar su vida. Ése momente fue suficientemente memorable para plantar una semilla en su cabeza, una semilla que prontamente echó raíces y floreció en su cerebro cuando le llegó el mensaje de Rouge invitándolo a su casa esa noche.
Rouge le había mostrado otro lado de la vida, se empeñaba en ayudarle a volar a lo alto junto a él. Pero Él no podía, sus alas aún eran muy cortas, y lo único que lograba era mirar por la ventana y verlo a él desplegando las suyas, que eran grandes y lo envolvían en una llamarada de fuego y humo dulce. Al día siguiente Él lo volvería a visitar.
En una corta semana su vida había cambiado, y cada día unos sentimientos en su estómago crecían, Temor, Angustia, y Amor. Él no podía tener una relación con Rouge. Ya que él no lo deseaba así, y Él tenía miedo de que el amor creciera por demás, haciendo que lo inevitable suceda, y que por culpa de ello una nueva amistad terminara así de pronto.
Él ya había empezado a cambiar mucho, deseaba matar a su otro yo, o por lo menos olvidarlo, para así por fin ser libre. Empezó a preocuparse por cosas más importantantes, entre ellas su felicidad, que yacía olvidada en un rincón suyo.
Ésa noche noche sería la noche que lo cambiaría definitivamente. Nuevamente habían amigos presentes, pero a Él eso no le importaba, era feliz por encontrar a esa gente interesante que lo ayudaba a cambiar y a conocerse mejor. Ésa noche Él besó la vida, y por primera vez encontró sus alas, que crecieron y que lo envolvieron también a él en su dulce aroma; Ésa noche Él voló, voló alto a alcanzar su tan anhelada libertad para que lo desate de su simple cuerpo mortal y lo llevara a volar aún más alto. Ésa noche fue feliz aunque nuevamente no haya pasada nada con Rouge, que por fin había alcanzado su objetivo, le había ayudado a volar para alcanzarlo. Él no quería perder a su nuevo amigo, y por eso no se atrevió a nada.
Hoy sus pies lo guiaron mientras la Luna iluminaba su camino, ella quería que pase algo, y haría todo lo posible para lograr su cometido. Su amiga la calle estaba intranquila cuando se dió cuenta de lo que la Luna intentaba hacer, sus pies lo guiaron hasta frente a su casa. Los gatos maullaban, un hombre gritaba en su casa mientras otro salía ver lo que sucedía.
Su ventana estaba cerrada pero la luz estaba encendida, Él no se atrevió a hablar con Rouge, contarle sus problemas y sueños. Simplemente siguió caminando y se dispuso a volar nuevamente a su casa. Ésta noche su alas no fueran tan grandes, pero alcanzaron a cargarlo.
